heroína, viaje número dos


pensar en ella no lo hace más fácil. pensar en ella no lo hace más difícil. si existiera la manera eugenésica de nacer sin ese cacho de cerebro lleno de recuerdos a dedos quemados. tuve otras agujas en mi mano, pero no fue lo mismo. ella es ella, yo no soy yo, ya no. soy el casi que era. quemada literalmente en el cuerpo, con partes muertas por meses o años y en unos días más olvidarme de ella. moverme, y hacerla desaparecer, pero según dicen, los recuerdos buenos o malos, siempre buscan donde alojarse, esconderse y volver a aparecer cuando parecían muertos como yo. ella dijo "you're waiting for a train; a train that will take you far away. you know where to hope this train will take yo, but you can't be sure. but it doesn't matter. because we'll be together" e intento no pensar en esa máquina puta y dejarla pasar. ¿por dónde la dejaría pasar? ¿dónde apuntar? sí, a ese cacho que almacena los recuerdos buenos y malos con ella. ella, llenando eso, vaciando lo otro y quedándose de manera sutil con algo tuyo (mío, en realidad). nada se pierde, todo se transforma. partes de mí no se olvidan de ella, no la borran, permanece, sus marcas, en presente y futuro, marcas con las que quedó en mi cuerpo mientras el tiempo sea tiempo o deje de existir. ella recorrió todo mi interior, como adrenalina, pero esa es otra y ella es ella. no se va, no quiero que se vaya. es veneno puro, pero no quiero que se vaya. es intensa como adicción, como anhelo y el efecto se desvanece en el viaje. tu (mi) boca la extraña, mi saliva áspera, pegajosa, llena de quemaduras la extraña. entrelazar los dedos y viajar. tocarla la hacía real, sentirla la hacía real, ahí, en la aguja, en la cama, en la cuchara, en el frasco. el tiempo no existe, pero cura y destruye lo que me queda. nunca sentí eso excepto cuando ella me tuvo o la tuve en mis manos y afuera y adentro. desaparece, pero sigue en ese cacho de cerebro que almacena los recuerdos buenos y malos. apariencias, pero hay marcas en mi cuerpo y son reales. chocolate y almidón en mi boca, saber cosas que nunca supe, tener en mis manos cosas que nunca tuve. mis veinte dedos la extrañan, mi pelo sin cortar y sin peinar desde ese día, el abuso, la adicción, la necesidad, el límite, la ceguera, la impotencia, la falsa sonrisa y la real angustia que llenan de almidón y chocolate mi boca como nunca antes y recorren mi estómago llenándolo de gustos ácidos. mis venas duras, quemadas, no sirven hace meses. no se limpian, no puedo olvidarla, no puedo. esas marcas la recuerdan. ella es real, está, existe. espero recorrer nuevamente mi cuerpo sano, insano, agotado y quemado. espero que ella sea ella. quiero recordarla como era, quiero ser como era. ella me llevó a atravesar esas nueve puertas y la última es un espejo.