al español, por favor



llegamos siete y treinta y tres, pettinato pasaba un tema de pink floyd en la radio. como era temprano escuchamos el tema, padre estacionó el auto y cruzamos. primer subsuelo. hola, buen día. tengo turno a las ocho, es la primera vez que vengo. ¿nombre?, eugenia feré, le digo, ¿te doy la tarjeta?, sí, por favor, me dice. tomá asiento. pasó más de media hora hasta que me llamaron. pasá por esa puerta y por la puerta vaivén. hola eugenia, soy mara, yo te voy a acompañar durante el tratamiento, para la placa de hoy sacate todo de la cintura para arriba, dejate la remera así no tomás frío. era cierto, hacía frío. vení por acá, la sigo y un chico buscaba mi máscara. ¿cómo estás? me preguntó, nerviosa, le dije, no, tranquila, me dijo, recostate acá, tranquila. son unas plaquitas nada más (otra vez los diminutivos), decía mara mientras atornillaba la máscara a la camilla. ¿tu nombre? dije, mara y el de mi compañero, sebastián, quietita, mi amor, me dijo. una luz blanca no me dejaba ver. quietita. ruido de placa. prenden las luces. me dicen que falta otra placa. es cavum, comentan. quietita. ruido de placa. listo, mi amor, me dijo mara. el lunes empezás, ya te doy la tarjetita. mientras me cambio, mara me dice que necesitan unas firmas mías. diría que fueron cinco o seis, si fuese el personaje de nones quizá lo recuerde con más precisión. salgo y estaba padre esperando, hablando con una chica de mi edad. me cambiaron el turno a siete y cuarenta, le digo, la chica dice que igualmente atienden con demora, padre dice que es mejor (?). saludé a la chica, le dije nos vemos. subimos. cruzamos. padre pagó el estacionamiento. llegué a casa, desayuné y dormí lo que no dormí a la noche. escribí algo, aquí está.